14 de mayo de 2012

MEDIA MARATÓN DE ZARAGOZA

por Maribel Espinosa



Aprovechando que este fin de semana teníamos que ir a Zaragoza por razones familiares, Joaquín decide inscribirse en la Media y así aprovecha la mañana del domingo, que nada especial tenemos que hacer en esas horas. Como es habitual en estos menesteres, le acompaña nuestro amigo "medio maño por razones de casamiento" José Luis Temprado.

Amanece el domingo con una ligera bajada de temperaturas. Menos mal, ya que el sábado el termómetro rondaba los 36º y el bochorno era insoportable. Y, cómo no, ya desde primera hora de la mañana empieza a amenazar el cierzo. No falla, tú te pones un dorsal para correr y ahí aparece el incansable cierzo. Zaragoza sin él no sería Zaragoza.

Acudimos a la Pza. del Pilar a primerísima hora ya que allí hemos quedado con unos amigos, paisanos míos de Alcañiz a los que habíamos recogido el dorsal. Ellos vienen muy animados y con ganas de bajar sus marcas, siempre, claro, con permiso del que tanto sopla.Siguen apareciendo más caras conocidas, algunas del club, como Pepe Molleda, ya un clásico en estas competiciones mañas. Y, como no, nuestro amigo Alfredo, medio alcarreño-medio zaragozano.


Debido a la situación del arco de la salida, justo detrás del Pilar, el pistoletazo que ha dado comienzo a la carrera, casualmente y por coincidencia horaria, ha sido el "Bendita y Alabada sea la hora....", Ángelus que los altavoces de la Basílica se encargan de propagar a los cuatro vientos. Es, cuando menos, curiosa la forma de dar la salida en esta ciudad. Recuerdo que en la Carrera del Ebro de este año sonaron "Los Sitios de Zaragoza", con la consiguiente emoción en todos lo que estábamos presentes.


Aparecen también los globos de los tiempos, que sólo veré en la salida, luego seguro que han volado. Me ha llamado la atención el globo que se supone que marcaba el tiempo de 2 h. y que llevaba inscrito 1 h 60´, curioso. Es como Joaquín cuando dice que hace el maratón en 2 h y 100 minutos. Este año, por las obras del tranvía, el cambio del recorrido ha sido importante. Además de atravesar varias veces al otro lado del río, y recorrer esas largas avenidas, gran parte se ha desarrollado por el casco histórico de la ciudad, calles emblemáticas y llenas de historia, como el Arco del Deán, por el que apenas cabían varios corredores a la vez, las Murallas, etc. Calles bajo las cuales se encuentra guardado y, en algunos puntos puesto a la vista, el ordenado urbanismo de la Cesar Augusta Romana, con sus termas, baños, teatro, foro...

Tras pasar 3 veces por distintos puntos de la Pza. del Pilar, que los espectadores y acompañantes agradecemos, ya que sin movernos mucho los vemos desde distintas perspectivas, y tras regresar de la Zaragoza nueva cruzando el Puente de Piedra, siempre custodiado por su leones, los corredores encaran la llegada situada también en la misma plaza.


El orden de llegada de los que yo voy a fotografiar son: Alfredo, Pepe, Arsenio, Joaquín y José Luis. Arsenio me saluda con el dedo hacia abajo, algo le ha pasado, pienso yo, no lo veo contento. Luego me dice que ha tenido calambres y no ha podido hacer el tiempo deseado. Joaquín llega en 1h 46´, muy contento y parece que sin haberse esforzado mucho. Finalmente José Luis, que ha hecho un pelín más de tiempo, 1H 51', por haber seguido, como ha dicho él "como un pollo descabezado" al gurú del globo de 1h45' ......, viejo conocido nuestro y organizador de la Desértica Extrema.


Finalmente, cogemos el coche y ¡ale! a tomar el vermú al Montemar, que si no no parece que sea domingo.

8 de mayo de 2012

Sexo y maratón

Hoy quería hablaros de un tema algo espinoso, pero no por ello menos de actualidad: la actividad sexual del corredor de maratón, en concreto del sexo a partir de los cincuenta.

Pues bien seré breve. El sexo a partir de los cincuenta es una de las grandes mentiras de la historia de la humanidad. No sólo eso, sino que es falso. Es un invento de los promotores de Benidorm para captar viajes del Inserso. Y el deporte, sobre todo el maratón, no ayuda sino todo lo contrario. Despues de hacerte 20 ó 30 kilómetros no llegas a casa precisamente con ganas de tonterías. Yo, que como bravo aragonés una vez conseguí llegar hasta los veinticuatro, doy fe de que llegar a más de cincuenta es una falacia y una abominación moral.

Y no se hable más. Ya está bien de fantasmas. Doce meses dan para lo que dan. Y más de cuatro veces al mes es una barbaridad.

6 de mayo de 2012

FLOJOS DE PANTALÓN

Hoy no pensaba escribir nada ya que, como siempre, por un motivo o por otro, he terminado corriendo solo, y aunque esta vez haya sido por el otro motivo no tiene la menor importancia: la próxima será por el uno.

Así que al llegar a casa y mientras esperaba a mis chicas para invitarlas a comer, me he puesto a escuchar algo de Rosendo (que también es un lobo solitario, en su caso de Carabanchel). Lo primero que me ha salido por el MP4 ha sido ese tema titulado Flojos de Pantalón y que empieza más o menos así:

Surge la escena en un salón
niñas en promoción
momias poniendo precio
ambigüedad.
Alguien va presumiendo
discreción
flojos de pantalón
líderes del diseño novedad.


Esto (y no me preguntéis el porqué) me ha hecho recordar a un antiguo amigo, llamémosle Pepe, que hace unos 20 años corría con el equipo del Unión Guadalajara. El hacía el milquinientos y era un atleta de alto nivel, siempre en las finales del Campeonato de España y corriendo criteriums internacionales. La temporada de invierno la hacía que se salía, pero en cuanto empezaba el verano, Pepe y alguno más de cuyo nombre no quiero acordarme, se dedicaban a correr cualquier carrera de cualquier pueblo de cualquier provincia, en la que el premio fuera igual o superior a un pollo, vivo o muerto. La verdad es que se ganaban bastante bien la vida, pero cuando llegaban las grandes competiciones Pepe estaba ya algo perjudicado de tanta carrera.

Así que tomaba una estrategia que nunca le fallaba: salía siempre el primero y empezaba el primer ochocientos a ritmo de record del mundo. Luego, después de la segunda vuelta y al llegar al paso por meta para empezar la tercera, se agarraba la pierna y soltando un grito desgarrador, caía rodando por el suelo mientras continuaba con su escena de dolor. Así permanecía, hasta que terminaba la carrera, en cuyo momento y ayudado por tres o cuatro miembros de la Cruz Roja se levantaba y cojeando ostensiblemente se retiraba de la pista entre grandes ovaciones del público, que aplaudía su coraje sin saber que hubiera sido incapaz de alcanzar los mil metros a esa velocidad o a cualquier otra.

Me puse a buscar alguna foto suya, pero en su lugar di con esta:


¿A que parece el entrenamiento de cualquier domingo cuando alguien dice algo de subir alguna cuesta y todos huyen a la desbandada? Pues no. Se trata de la primera foto del Club que se publicó en Internet. Bueno no fue la primera. La primera fue esta:


la anterior fue publicada al día siguiente y sí que fue la primera de un entrenamiento del Club. Ese día subimos la Peña Hueva y la imagen corresponde al comienzo de la bajada por la parte de atrás buscando el camino que va a Iriépal, con frío, el suelo embarrado y un entusiasmo que, por lo que se ve, se ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

Y ahora que lo pienso no sé si tiene esto algo que ver con lo que estaba contando de Pepe ni con la flojura de pantalón. Probablemente ni siquiera se me habría ocurrido escribir nada sobre el tema si no hubiera sido porque la siguiente canción de Rosendo en sonar ha sido esa que clama:

Paso un mal rato haciendo el pato y sin hablar
llegará mi oportunidad.
Y estoy aquí loco por incordiar, loco por incordiar.


Así que no lo he podido evitar. Lo siento. O a lo mejor no. Y gracias maese Rosendo por tu inspiración.

No se si estoy en lo cierto,
lo cierto es que estoy aquí ...


4 de mayo de 2012

1 de Mayo - Cuesta de San Cristobal

Con un poquito de retraso, por esto de la pereza, os he subido las fotos del entrenamiento del martes día 1 de Mayo. Estábamos los de la foto, más Jose Luis Temprado, que como se intuye por su apellido, llegó tarde.


Salimos por la Mota y el Malhuele, y al llegar al camino de Iriepal nos separamos en dos grupos, unos se fueron a explorar nuevas y desconocidas rutas hasta Valdenoches, y otros subimos por el cementerio de Iriépal,


para cruzando el Sotillo


bajar por la cuesta de San Cristóbal.


Unos 17 km. por terreno variado en el que pudimos disfrutar una vez superada la cuesta del cementerio.

Os dejo en este enlace las fotos.



Nos vemos el domingo los que no vayamos a Azuqueca.

La ruta GPS para verla en Google Earth la podéis descargar aquí.

30 de abril de 2012

El Derecho a la Pereza

A pesar de las buenas intenciones, después del maratón no deja de invadirme algo así cómo un soplo de pereza que poco a poco va apoderándose de mis escasas fuerzas residuales. Si a esto sumamos la proximidad del 1º de Mayo, fiesta del Trabajo y viendo la que está cayendo, la pereza se convierte en apatía. El esfuerzo para emprender cualquier acción es inhumano, y de hecho ni intento comenzar ninguna. Si no fuera por mi inconfesable glotonería no sería capaz de ni de comer ni de beber.

De modo que he hechado mano a uno de mis vicios pasivos preferidos y me he puesto a leer (Maribel viene de vez en cuando y me pasa la página). Sin la más mínima intención me he encontrado con esta joya de la literatura, obra de Paul Lafargue, médico, periodista y revolucionario francés de principios del XIX, que además tuvo la osadía de ser yerno de Marx.

Estoy agotado. Que lo disfrutéis.




Refutación del Trabajo
Paul Lafargue


«Seamos perezosos en todo, excepto en amar
y en beber, excepto en ser perezosos.»

Lessing


Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de los países en que reina la civilización capitalista. Esa locura es responsable de las miserias individuales y sociales que, desde hace dos siglos, torturan a la triste humanidad. Esa locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda del trabajo, que llega hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de su prole. En vez de reaccionar contra tal aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas, han sacrosantificado el trabajo.

Hombres ciegos y de limitada inteligencia han querido ser más sabios que su Dios; hombres débiles y despreciables, han querido rehabilitar lo que su Dios había maldecido. En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica. Comparad los purasangre de los establos de los Rothschild, servidos por una legión de bímanos, con las pesadas bestias normandas, que aran la tierra, acarrean el abono y transportan la cosecha a los graneros. Mirad al noble salvaje que los misioneros del comercio y comerciantes de la religión no han corrompido aún con sus doctrinas, la sífilis y el dogma del trabajo, y mírese a continuación a nuestros miserables sirvientes de las máquinas.

Cuando en nuestra Europa civilizada se quiere encontrar un rastro de la belleza nativa del hombre preciso ir a buscarlo en las naciones donde los prejuicios económicos no han desarraigado aún el odio al trabajo. España, que, ¡ay!, también va degenerando, puede aún vanagloriarse de poseer menos fabricas que nosotros prisiones y cuarteles; pero el artista goza al admirar al audaz andaluz, moreno como las castañas, derecho y flexible como un tronco de acero; y nuestro corazón se estremece oyendo al mendigo, soberbiamente arropado en su capa agujereada, tratando de amigo a los duques de Osuna.

Para el español, en quien el animal primitivo no está atrofiado, el trabajo es la peor de las esclavitudes. Al igual que los griegos de la gran época que no tenían más que desprecio por el trabajo: solamente a los esclavos les estaba permitido trabajar; el hombre libre no conocía más que los ejercicios corporales y los juegos de la inteligencia. Fue aquel el tiempo de un Aristóteles, de un Fidias, de un Aristófanes; el tiempo en que un puñado de bravos destruía en Maratón las hordas del Asia, que Alejandro conquistaría rápidamente.

Los filósofos de la Antigüedad enseñaban el desprecio al trabajo, esta degradación del hombre libre; los poetas cantaban la pereza, ese regalo de los dioses: O Melibae, Deus nobis hoec otia fecit.

Cristo, en su sermón de la montaña, predicó la pereza:

«Contemplad cómo crecen los lirios de los campos; ellos no
trabajan, ni hilan, y sin embargo, yo os lo digo, Salomón,
en toda su gloria, no estuvo más espléndidamente vestido».


Jehová, el dios barbudo y de aspecto poco atractivo, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal: después de seis días de trabajo se entregó al reposo por toda la eternidad.

(segir leyendo) ……………

24 de abril de 2012

FISIOLOGÍA DEL CORREDOR

Como de todos es sabido, los corredores son seres vivos. Los serers vivos se dividen en vegetales y animales. Los animales a su vez pueden ser vertebrados o invertebrados. Los vertebrados los dividimos en irracionales y en racionales. Pues bien, la mayor parte de corredores son animales vertebrados racionales, con honrosas excepciones como los ultrafondistas, que son claramente irracionales y algún vegetal del que prefiero no hablar.

El grupo de los vertebrados racionales admite muchas subdivisiones. En cuanto a la capacidad de raciocinio los dividimos en cognitivos y en liberales. En cuanto al sexo, en machos y hembras: los machos a su vez se dividen en pronadores y supinadores en función del sentido de carga de sus atributos, mientras las hembras se subdividen en tintas o claretes, según el color del extremo de sus partes más protuberantes.

Pero ninguna de estas divisiones tiene nada que ver con la velocidad en la carrera. Fijemonos en la fotografía de abajo:


¿Quien os parece que corre más deprisa? Está claro que Moiben. Pero ... ¿por qué? No es porque él sea negro y yo blanco. Eso es un simple accidente fotocromático debido a la diferencia en la capacidad de absorción de las diferentes longitudes de onda de la luz visible por parte de los pigmentos de la piel. Tampoco es por la estatura. A paso más largo, menor frecuencia de zancada. Y tampoco es por la juventud o por la belleza, ya que en ese caso yo sería mucho más rápido que él. Así pues ¿qué nos queda? Por supuesto, el peso. Yo peso más o menos el doble que James, con lo que consecuentemente corro a la mitad de velocidad.

Tenemos pues una nueva división entre los corredores: vertebrados racionales machos gordos (mayoritarios en Nueva York), vertebrados racionales machos delgados (mayoritarios en Nueva Dehli), vertebrados racionales hembras gordas (mayoritarias en Nueva York) y vertebrados racionales hembras delgadas (mayoritarias en la Pasarela Cibeles).

¿Y a qué se debe esta diferencia de peso? No penséis que es por causas genéticas. Es claramente por los hábitos alimentarios, llegando así a la clasificación definitiva de los corredores según su fisiología:

Corredores piojos: comen poquito y están a un pelo de la desnutrición. Vamos, que se mantienen vivos por los pelos.


Corredores ladillas: comen lo que les pasa por los huevos. Literalmente.


Reconozco que yo me identifico plenamente con estos últimos, ya que como se ve es claramente más satisfactorio pertenecer a este fenotipo de atleta fuerte y musculoso. Y no sólo por la alimentación y por la imagen. Tiene muchas más ventajas; por ejemplo se puede hacer un gran número de amigos. Y si no os lo créeis, mirad con atención la imagen de abajo y contestad con sinceridad: ¿A quién os parece que está saludando Paris Hilton, a un piojo o a una ladilla?

21 de abril de 2012

MARATON DE MADRID 2012

6:00 am.

Sobresalto. Apagar el despertador. Es de noche pero es EL DÍA. A por ello.

Alivio. Alivio mental. Por fin. Alivio escatológico. Fundamental. Desayuno: hoy abundante. Y a vestir el uniforme.

Traición. Ese gordo del espejo no soy yo.

Prisa. Repasar equipación, cremas y brebajes. Rápido. El autobús no espera.


7:00 am.

Alegría. Autobús. Muchas caras amigas, algunas casi olvidadas. Saludos, abrazos, nervios.

Complicidad. La unión hace la fuerza. El miedo hace la unión. Conversaciones nerviosas. Lesiones mal curadas. Dolores inesperados. Neuras. Mejor pensar poco e hidratar mucho.

Emoción. El autobús arranca. Nunca Madrid pareció tan lejana.


8:00 am.

Preparación. Bajar del autobús. Busqueda rápida de un rincón para deshidratar. Breve paseo y cambiarse para la salida. No pensar. Todo es mecánico menos la vaselina (por suerte). Fotos, abrazos, prisas y a la salida.


8:45 am.

Fusión. Sumergirse en la masa. Fluir aleatoriamente hacia la salida con movimientos brownianos. Es como saltar al mar desde un acantilado. Perder la individualidad. Formar parte de un cuerpo único. Una sola voluntad. Terminar.

Olor. A miedo aderezado con reflex, con unas gotas de zumo de alerón. La euforia no huele pero se contagia. Miedo más euforia. Incertidumbre.

Divinidad. Ícaro desciende del cielo acompañado por los hijos del sol. Esta vez no arden sus alas. Bajan a correr. Los dioses primero. Los demás en el séptimo cielo.


9:00 am.

Acción. Suena un disparo. Es de salva pero acierta en el centro del corazón, que se acelera. Perder la identidad y la iniciativa. El grupo te absorbe, te empuja, te arrastra, te domina. Fuerza. Suerte. Nos vemos en meta. Andar. Trotar. Y, por fin, correr.

Concentración. Estudiar sensaciones. Retener el ritmo. No dejarse llevar. Explorar reservas. Medir fuerzas. Mirar alrededor. Volver a individualizar a los que te rodean. Confraternizar. Ser amigos de toda la vida durante diez minutos.

Ritmo. Plaza de Castilla. Pronto terminará la cuesta. Terreno favorable. Buscar tu mejor ritmo. Viaje en el tiempo a través de Madrid. Del ultraliberal de las Torres Kio al desarrollista de los 60. Chamartín. Paseo de la Habana. Pio XII. Del Madrid de la Restauración de Serrano, al decimonónico de Fuencarral, Gran Vía y Callao. De este al absolutista de la calle Mayor. Carlos III. El mejor alcalde el rey. Buenos tiempos cuando los reyes servían para algo. Y por fin el Madrid de los Austrias, locos egregios. Por el Palacio Real hacia Ferraz.

Intermedio. Cruzar la línea de la Media Maratón. Recuento de daños. Pequeñas molestias que aún no preocupan. Tiempo habrá para que se agiganten y se hagan insoportables. Todo va bien. Continuar.

Hidratación. Obsesivamente presente durante toda la carrera. Pero fundamental.

Carácter. Caras más serias. Conversaciones más cortas. Algunos la rehuyen. Terreno favorable hasta la Casa de Campo. No malgastar energías. Llega el Lago. Dos kilómetros de subida por un mundo que ya no es urbano.

Incertidumbre. Kilómetro 30. ¿Dónde estará el muro? ¿Voy en tiempo? ¿Habré forzado demasiado? Algunos ya desfallecen. Corredores andando. Algunos cogen el metro.

Monotonía. Poner un pie delante del otro una y otra vez. Parece sencillo. Buscar la salida de este parque maldito.

Resolución. Por fin fuera de la Casa de Campo. De nuevo terreno favorable. Hasta el kilómetro 35. Hacerse fuerte y aprovecharlo. Reservar fuerzas. Lo peor está al final. Llega fuerte al 35 y ganarás confianza.

Sufrimiento. Empiezan los 7 últimos kilómetros de cuesta. No mirar alrededor. No contagiarte del desánimo. Muchos andan. Algunos cojean. No pensar. Concentrarte en tus pies. Primero uno. Luego el otro. Una y otra vez. Sin desfallecer.

Dolor. Kilómetro 36. Kilómetro 37. Las molestias de hace 15 kilómetros son ahora cuchillos clavados en tu cuerpo. Toca sufrir. Hacerte sordo al dolor. De nuevo coger agua. Náuseas al beber. Escalofríos al refrescarte con ella. Ya todo da igual. Sólo faltan 5.

Esperanza. Kilómetro 38. Kilómetro 39. Aumenta el sufrimiento pero ya se intuye el fin. Sentimientos solidarios. La gente sale de su embotamiento. De nuevo no estás solo. La proximidad de meta es una droga. Alegría que se comparte.

Rencor. Kilómetro 40. ¿Quién puso aquí la tapia del Retiro? Qué cabrón. Pero ya no se puede fallar. No parar. Hay que subir, aunque sea andando. Gritos: ¡Ánimo, que ya no falta nada! ¿Nada, cuando cada segundo es eterno y cada metro inabarcable?

Agonía. Agonizar hasta el final de la cuesta. Duele. Duele todo. Pero... ¡mírala! ¡ahí está! ¡la Puerta de Alcalá!

Resurección. Kilómetro 41. Buscar la puerta de entrada a la gloria. Kilómetro 42. Entrar al Retiro. Ya no corres. Levitas entre los gritos de ánimo y apoyo de amigos y público. Se huele la Meta. Se ve la Meta. Aunque los ojos se empiecen a empañar.

Meta. Alivio. Emoción. Arrepentimiento. No lo volveré a hacer más. Euforia. Abrazos. La sangre vuelve al cerebro. Atracón de endorfinas. Todo el mundo es bueno. Plátanos, naranjas, chocolatinas, agua, isotónicas, cervezas. Todo es poco. Cuerpos que devoran. Mentes que regresan. Egos que se inflaman.


14:00 am.

Reencuentros. Vuelta al autobús. Reencuentros. Emociones sinceras. Familiares. Amigos. Compañeros. ¿Quién falta? ¿Quién no terminó? Más felicitaciones. Grandes relatos. Y de nuevo en viaje.

Tristeza. El centro neurálgico de tu vida durante los últimos meses ha desaparecido fagocitado en el esfuerzo. Tristeza. ¿Tristeza? ¿Por qué? Si el lunes vas a empezar de nuevo. Bueno, el martes. Media de Zaragoza. Hoz del Huécar. Media de Jadraque. Media del Ocejón. Desértica Extrema. Y Maratón de ... Zaragoza, por ejemplo.

Mentira. ¿No decías que no lo volverías a hacer? Sí, pero ... ¿alguien ha visto mi plan de entrenamiento?